Hacia cinco días que lo había visto en el café de la librería. Llevaba sus lentes color azul pastel y su gorro negro. Todo un hipster. Él se había pedido un té de canela con un sándwich. Era callado y solitario pero había algo en él que le gustaba a Carolina.
El lunes por la tarde ella decidió salir con sus amigas y fueron al café de la librería. Cuando se volteó para ir a buscar su café al mostrador, vio que allí se encontraba él, con sugorro y sus lentes, sentado en la mesa del fondo leyendo un libro. Ella entonces decidió acercarse. Estaban en la misma clase de literatura pero nunca se había animado a hablarle, pero esta vez tomó el coraje suficiente y se atrevió.
-¡Hola! ¿Cómo estás?- dijo Carolina
-Bien- respondió en voz baja- ¿Cómo te llamas?-preguntó el chico bajo las gafas.
-Carolina y ¿vos?- dijo ella- Juan-
Un gran silencio inundó el bar nadie hablaba hasta que él dijo:-Debo irme-. Carolina entonces lo saludó y espero hasta que se hubo alejado. Pagó su café, se despidió de sus amigas y empezó a seguir a Juan. Se sentía rara, con adrenalina, nunca en su vida había perseguido a alguien, aunque ''perseguir no sería la palabra, la palabra seria seguirlo.''
Juan entra en un lugar oscuro, una casa abandonada donde no hay cartel que explique su existencia. Esperó hasta que entro y se mandó. Era un lugar oscuro, frío, antiguo, con olor a cigarrillo. tocio por el humo y luego se incorporó, subió las escaleras y vio una extensa terraza al aire libre donde había multitudes de chicos andando en skate. Por un momento pensó '' ¿Por qué no me lo habrá querido contar?''. Por miedo a que la descubriera se fue lo más rápido que pudo. Carolina y Juan se saludan.
-¿Queres salir a cenar hoy?-
- Si, a las 8:00 vení a buscarme- con voz suave le dijo.
Esa noche de primavera Juan pasó por la casa de Carolina. Fueron a un restaurant de comida rápida en el centro. El ambiente de los 70 que tenía el lugar era realmente muy bueno y el olor a hamburguesa con papas era delicioso. Luego de cenar la llevó a que conociera a sus amigos.
Fueron a andar en skate, luego ataron las skates a los autos, Juan y Pedro, su mejor amigo se subieron.
Pero al dar una vuelta mal hecha Juan salió despedido de la patineta y chocó contra una pared que hizo que se desnucara y muriera. El sueño que Carolina estaba viviendo de un minuto a otro se hizo pedazos. No podía sacar de su cabeza la imagen de las gafas rotas al costado del camino.
Era sábado por la tarde y decidió ir a tomar un café, al café de la librería, como siempre, pero había algo que no era como siempre, ya no estaba el mismo chico con el gorro negro y las gafas color azul pastel.